jueves, 4 de junio de 2009

El sueño de los barrios bajos...

Peligroso no tener claro a donde ir.
Después del trabajo me encuentro con Socorro Nuño (la he tratado un poco desde que estoy en el grupo los lunes y me parece una mujer muy amable y muy amena); yo voy cargando lo que he estado llevando al trabajo en estos últimos días; mi mochila con mi lap top, algunos libros y mi bolsa de mano con el celular; la loción, el dinero para el camión.

Platicábamos por las calles cuando decidimos que quizá podríamos platicar en un café; por traer yo tantas cosas, la mejor opción fue tomar un taxi; ella le dio la dirección a donde iríamos y continuamos charlando; nuestro destino era un barrio populoso, había muchas casitas apretujadas, con abundante vegetación en macetas en las bases de las ventanas; la mayor parte eran pequeñas, de un sólo piso; en algunas crecía musgo muy fino en las paredes y cerca de donde estaban las macetas.

Caminamos por las calles, yo veía en las aceras a mucha gente que me parecía sospechosa, que no me inspiraba confianza y sentí mucho miedo, cada momento mi miedo se hacía más grande, tuve ganas de llorar, pero pensando que si me veía segura de mí misma no me harían daño.

Le pregunté a Soco en dónde estábamos y ella dijo que no sabía, que ella no había querido decidir, que por qué no había decidido yo, pero que alguna vez antes había estado ahí y que quizá con suerte podríamos encontrar un buen lugar.

Varios hombres y mujeres, en un andador techado comenzaron a molestarme, especialmente a mí, que era la que traía más cosas y no pude caminar rápido; tomaba mi bolsa y mi mochila con fuerza. En un andador en el que había bastante luz; era más bien parecido a un pasillo de escuela, pero se veían las casas a los lados; comenzaron a acercarse hacia mí algunas personas entre hombres y mujeres, que tomaron mi celular; en el momento en el que lo hicieron yo me sentí muy enojada, estaba furiosa y les grité que me lo devolvieran, vociferé amenazas e insultos, hice tanto escándalo que me lo regresaron, pero también me dijeron que me harían daño.

Después de que sucedió todo eso, tomé otro taxi y me alejé con miedo; me dirigí a mis clases de masaje, en esa ocasión me correspondió trabajar con Manuel; se quitó la ropa hasta quedar en calzoncillos y no quiso usar la sábana, alegando que tenía calor. La cama de masaje era muy baja, lo curios fue que yo estaba dándole masaje en la parte baja del vientre; él se relajó mucho y se durmió.

Desperté con mucho calor, a las 2:30am

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