Una mañana abrió los ojos después de que sonó el despertador y dio un pequeño bostezo de cepillo dormilón, siempre podía hacer eso porque su perezosa dueña nunca se daba cuenta de que él se despertaba al mismo tiempo que ella, y podía bostezar y estirarse todo lo que quisiera porque ella entraba con presteza a la regadera, siempre preocupada porque podía hacerse tarde.
Soy un cepillo guapo -pensó- soy firme, estoy entero, tengo un buen color, muy varonil, claro, no se puede esperar menos de un cepillo de mi clase... lo tengo todo; detengo la estática, dejo el cabello con cuerpo y brillo. Mis cerdas están limpias y son de un buen nylon.
Es cierto que hace solamente un año que salí nuevecito del almacén, pero estoy en muy buena forma, y sé que ese polvito que se hace con el uso es atractivo para muchas cepillitas y hasta para algunas peines, lo consideran atractivo... pues ya lo tengo, pero yo no entiendo por qué esta dueña mía no puede ser una mujer normal, veo que tiene muchos libros, que hacen encantadoras tertulias entre ellos, hablan de todo y cada uno habla de su contenido, cuentos, novelas, obras literarias, hay unos libros psiquiatras que psicoanalizan a los demás... pero si tan sólo tuviera otro cepillo; me siento muy solo aquí.
(En este momento dio un largo suspiro y todos los libros lo miraron como si apenas se dieran cuenta de su presencia y reanudaron su sueño, era aún muy temprano para que entraran en acción)
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