domingo, 3 de octubre de 2010

Deseo cumplido que atemoriza...

Le hice una petición al cielo y me la cumplió; tenía la certeza de que era lo adecuado, pero hoy dudé, no sé si debiera revertir la petición, ¿por qué mi culpabilidad me juega tan mal?, ¿por qué siempre pienso de mí que soy la bruja mala que va por la vida entregando manzanas envenenadas?.

¿Por qué no puedo permitir que cada persona sane su propio dolor?, ¿por qué quiero creerme la curandera de todas las heridas?, ¿por qué en cuestión de un instante paso de estar completamente segura a dudar seriamente haber hecho lo correcto?.¿Por qué mi mente me dice que tenemos un empate, que lo mismo que entregué es lo mismo que me dieron y mi corazón me dice que no, que todavía debo, que debo lo equivalente a una deuda externa?.

Y me pregunto estas porquerías sin respuesta.

Y me atormento sin piedad y sin tener una pista de por dónde resolver la cuestión.

Ni siquiera puedo pensar, no sé si todavía soy yo, no sé qué quiero; tengo el deseo largamente acariciado, cumplido, y no puedo evitar sentirme equivocada y quiero volver atrás, pero no sé por qué puerta, o si sea bueno que siquiera dé un paso en reversa.

Y a lo lejos escucho esa canción, inoportuna, ese piano que me hace llorar, que me recuerda una noche, en la que miré el cuarto creciente sobre los pinos a través de la ventana que estaba a un lado del armario abierto; acostada en un colchón que no era el mío, con aliento a chocolate; pensando en que en mi mente siempre iba a estar fija esa escena. El sonido del piano me transporta, me lleva lejos, hasta esa alcoba, en esa madrugada, con el viento nocturno y delicioso.

Después de esa noche, ya no fui la misma, quise asir un suspiro, o por lo menos convertirme en otro, y eso llegué a ser, al amanecer sólo fui un suspiro... y nada más.

No hay comentarios: