domingo, 15 de febrero de 2009

El sueño del lagarto...

Estoy en un salón del cucsh, específicamente el de la parte que da a la calle de Maestros; es un día soleado y yo estoy comenzando clase con mis compañeros, antes de entrar al salón había visto un lagarto que andaba por ahí y por alguna extraña razón pensé que venía a buscar a Araceli. Comenzó la clase y el lagarto entró, con un andar pesado, como si trajera a cuestas todo su ser, era pequeñito, como de 50 centímetros, color café y ojos grandes, muy grandes como tazas de té; sus ojos también eran de color café, y miraban muy profundamente, como quien de una mirada observa hasta las entrañas de la otra persona.

Hubo una reacción muy ligera en torno a él y los compañeros se limitaron a mirarlo sin prestar demasiada atención, yo me siento aterrada porque es como un dragón de komodo, sólo que más pequeñito, que comienza a mirarme, a mirarme, a mirarme; y se dirige poco a poco hacia mí, yo no puedo quitarme, ni evitarlo, me siento petrificada, sé que puedo moverme, pero no me muevo, estoy inmóvil y llena de angustia, sé que si lo hago enojar podría morderme y eso sería mortal; aunque el reptil no parece tener esas intenciones, me observa profundamente, tan profundo que siento que puede saber lo que siento y lo que pienso y no tiene prisa porque sabe que no puedo moverme.

Igualmente sin prisa, comienza a treparme, como si mi cuerpo se tratara del tronco de un árbol, y mis poros la corteza de la cual se adhiere para subir, no hay pesadez en esos movimientos, sólo lentitud; yo me siento aterrada, quiero correr, pero no puedo correr, no quiero alterar al reptil, que va tomando su lugar, toma la forma de mis hondonadas y se va acurrucando, hasta que llega a la altura de mi pecho y recuesta su cabecita en uno de mis senos, y me vuelve a mirar, con esos ojos enormes, tan grandes como la imagen de la luna llena. Después de mirarme como si ese fuera su lugar, cierra los ojos; yo siento su piel fría y mi miedo. Comienzo a pensar que es un reptil bebé que está buscando a su mamá; por lo que creo que en cualquier momento la mamá del bicho puede venir a buscarme y atacarme pensando que yo soy la que quiere hacerle daño.

Visto una blusa verde esmeralda y está muy escotada, por lo que puedo sentir casi todo su cuerpo contra mi pecho, en mi desesperación salgo del salón y ya en el patio comienzo a escuchar una voz lejana que me dice: "se irá si deja de sentir tu piel". Lo único que hago es cubrir el escote con otra parte de la blusa. El reptil deja de sentir mi piel; abre los ojos, vuelvo a sentir ese miedo paralizante, aunque también me invade una ternura insólita ya no tengo miedo del bichito, casi hasta quiero arrullarlo, pero también quiero que se vaya. Después de mirarme largamente por última vez, da la vuelta y comienza a descender de igual forma como bajó. Siento tristeza, pero no puedo correr y abrazarlo otra vez, y al poco rato dejo de verlo.

No hay comentarios: