jueves, 12 de marzo de 2009

El lagarto es hombre...

Así como el caracol es mujer, el lagarto es hombre y me mira desde su lugar en mi inconsciente, con sus ojos inmensos; desde su esencia arquetípica me acecha y me atemoriza.
Me atemoriza y me seduce, yo permito que me seduzca y me niego a la vez; seduzco yo y soy rechazada a su vez; todo en el mismo momento y todo esto yo misma. Una parte de mí, sabe, y la otra parte ignora.
El lagarto es hombre, lo digo porque suavemente trepa y con dulzura nada en mí, con sigilo me invade, no hay rastro, sólo esos ojos que buscan los míos; sólo presencia que me inunda. Furtivamente me ocupa y se traga mi ser femenino

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