jueves, 28 de abril de 2011

Por la ventana...

Una cosa que añoro desde que llegué a Chile, es la posibilidad de poder ver desde mi ventana el mundo exterior, lo tengo perdido por el momento, aunque, ahora puedo experimentar el poder dormir hasta el mediodía o más, sin percatarme de que en el exterior ya ha amanecido... no es algo de lo que pueda sentirme orgullosa, definitivamente, creo que esa falta de sol me hace sentir más cansada que de ordinario. De la ventana que tengo ahora solamente puedo ver otra recámara, siempre con las cortinas cerradas, por supuesto, ahí establecemos nuestras fronteras vecinales y nuestros límites domésticos entre lo público y lo privado.

Me gustan las ventanas y las fuentes, las fuentes son una conexión entre las entrañas de la tierra y el exterior y las ventanas son un enlace magnífico entre el afuera y el adentro, uno puede mirar la lluvia y no mojarse y mirar hasta el cansancio las gotas que se estrellan en el cristal o ver el sol radiante y no calcinarse en el exterior.

En el momento de lucidez del día miré por la ventana del noveno piso en el edificio en donde estudiamos, es una vista maravillosa, aunque desde hace días ha estado con neblina y no es posible ver nada, no se puede ver muy bien el mar, ni los barquitos que van llegando al puerto. Entre esa bruma hubo un momento que miré hacia la ventana y pude ver que el día sonrió, el sol brillaba en lo alto y ninguna nube se interponía en su camino; el mar resplandecía, parecía incluso feliz y me hizo feliz a mí también.

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